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Emilio Vergara V.

Sólo tendría un hijo si me aseguraran que va a ser gay. Estos cuentos son para él. Con la certeza que no hay nada más grandioso que ser fiel a uno mismo.

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HACE MUCHO MUCHO TIEMPO

Enviado por Emilio Vergara V. el 14/06/2010 a las 06:57 PM

Hace mucho, mucho tiempo la tierra entró en un periodo de frío que congeló el corazón de los hombres y la sonrisa de las mujeres. Las nubes cubrieron el sol y la nieve fue cubriendo casi toda la superficie del planeta. Los mares y los ríos detuvieron su acostumbrado fluir entrando en un largo tiempo de espera. Fue entonces cuando los dioses desesperados y dejando de lado todas sus rivalidades decidieron reunirse para encontrar la forma de entibiar la tierra. Nada resultó. La tristeza de los hombres y las mujeres era más fuerte que el calor que podía enviarles el sol. Estaban a punto de darse por vencidos cuando uno de ellos, el más viejo, les recordó que en esa reunión faltaba una invitada. Todos sabían que se refería a la gran Diosa Madre. Guardaron silencio. Nadie se atrevió a justificar el no haberla invitado. Nadie se atrevió ordenar que la fuesen a buscar. Y en ese largo silencio recordaron los tiempos en que la gran Diosa Madre fue apartada de todos los reinos debiéndo marchar junto a sus hijos varones a un lugar oculto bajo la superficie de la tierra. Allí, alrededor de una gran cascada que al caer sobre un pequeño lago formaba el arco iris mas grande y hermoso del universo, fundaron un pequeño reino donde todos vivían en paz y armonía. No había armas y menos guerreros. La rudeza propia de los hombres se había convertido en ternura fraterna. Y la pasión desenfrenada había dado paso al amor más dulce que les llevaba a unir cuerpos y almas en compromisos eternos. En vez de leyes, jueces y cárceles había amor, hermanos y nuevas oportunidades. Las esmeraldas, los diamantes y el oro eran convertidos en preciosos collares que se dejaban abandonados en cualquier lugar para ser tomados por quien deseara usarlos. En las plazas siempre había alguien tocando música para alegrar la vida de quienes se acercaban a disfrutar de los colores y las creaciones de los más jóvenes que siempre estaban inventando formas nuevas de vestirse. Era costumbre del reino que los enamorados intercambiaran perfumes creados usando secretos ancestrales. Todos vivían en perfecta armonía. Y como habían extirpado de sus corazones la violencia se habían convertido en seres inmortales.

-Tal vez ella, la Diosa Madre, podría ayudarnos, dijo uno de los dioses, rompiendo el silencio.
-Tendríamos que pedirle perdón e implorar su ayuda, agregó el más joven.
-No será necesario, interrumpió una voz femenina que se abría paso entre los guardias que cuidaban la entrada al gran salón. Vuestros mensajeros han sido más sabio que ustedes y han ido por mí. Gustosa he venido a ayudaros. Contadme.
Con voz temblorosa y sin levantar la vista del suelo, el dios mayor se dirigió a la Diosa:
-La tierra se muere. Hace un tiempo los hombres perdieron la alegría y cayeron en una tristeza que contagió a las mujeres y cubrió el cielo. Para el sol ha sido imposible entibiar los ríos y mares que se han congelado. Tampoco ha podido derretir la nieve que aprovechando la oscuridad cubrió toda la superficie.
Los ojos de la Diosa se humedecieron. Su rostro, por primera vez, mostró un gesto de pena y dolor. Su corazón se llenó de compasión y con la dulzura de una madre les dijo:
-Todos sabíamos que esto sucedería. Os lo dije la tarde en que fui expulsada junto a mis hijos:”No podréis construir una humanidad feliz, si dejas una parte de ella fuera sólo porque os molesta su forma de amar”.
-Debemos reconocer que teníais razón. No nos queda más que solicitar tu perdón e implorar tu ayuda.
- No he venido a refregaros vuestras equivocaciones. No os preocupéis. La creación será completada. Mis hijos se encargarán.

La diosa madre se reunió con sus hijos. La separación era dolorosa para todos pero en especial para aquellos que se habían unido en parejas. Sólo aceptaron partir porque intuían que era el momento de completar la creación. Antes de partir hicieron la promesa de reencontrarse algún día. La Diosa Madre les dio sonriendo su bendición. Uno a uno fue besándoles en la frente. Uno a uno partieron rumbo a la tierra con la misión de devolverle su alegría y su color. Uno a uno se fueron mezclando con los hombres y mujeres tristes. Lo primero que hicieron fue reabrir las tabernas y llenarlas de música y canto. Luego comenzaron a inventar peinados y cortes de pelo que alegraron a las mujeres. También diseñaron vestidos y trajes para alegrar a los hombres. Sacaron de sus bolsos los exquisitos perfumes que habían aprendido a elaborar y los repartieron para que hombres y mujeres se enamoraran. Por donde pasaban dejaban estelas de colores, amor y mucha algarabía. Y así poco a poco el frío fue escapando, la nieve desapareciendo y los ríos descongelándose. Las nubes de tristeza se esfumaron con los poemas y canciones inventadas por estos hermosos extraños. La tierra se volvió a entibiar. Mujeres y hombres recuperaron la alegría. Entonces llegó el momento de regresar al reino de la gran cascada que caía sobre el pequeño lago formando el arco iris más hermoso del universo. Sin embargo los corazones sensibles de estos hombres intuyeron que la tierra nunca estaría libre de la amenaza del frío y la tristeza. Entonces en un gran acto de amor decidieron quedarse. Salieron a buscar sus parejas y a mimetizarse con el mundo. Desde entonces la tierra no ha perdido su calor ni sus ganas de reír. De vez en cuando la Diosa Madre envía nuevos seres extraños que recogen los disfraces de sus antepasados y se van por el mundo alegrando a la humanidad. Algunos se disfrazan de decoradores. Otros de enamorados peluqueros. Algunos se dedican a crear hermosos trajes para las novias de los hermosos varones que miran de reojo. Y otros no dejan de fabricar exquisitos perfumes que alegran a las muchachas y enloquecen a los muchachos. Los más alegres se quedan en las tabernas y emplumados hacen shows hasta el amanecer cuidando que la tristeza no invada ningún corazón. Algunos se disfrazan de cantantes y hacen al mundo entero bailar y cantar. Unos se visten de cuerdos y pasan desapercibidos amando en silencio, otros simplemente se visten de locas, locas que aman a rabiar. Y cuando la vida de alguno se apaga las estrellas alumbran más fuerte y despiertan a la Diosa Madre, que baja a recoger sus cuerpos para llevarlos de regreso al reino de la cascada que al caer sobre un pequeño lago forma el arcoiris más hermoso del universo. Allí despiertan. Allí se encuentran. Allí vuelven a sonreír.

DIVAS

Enviado por Emilio Vergara V. el 14/11/2009 a las 12:47 AM

Hace mucho, mucho tiempo, el ángel Nahuel se enamoró perdidamente de un joven y apuesto escultor. Como su amor era correspondido, todas las noches bajaba desde el cielo a reunirse con su amado. El amor entre ellos era tan puro y profundo que de las caricias y palabras dulces que se entregaban surgían luciérnagas que iluminaban la noche y acompañaban los árboles solitarios.

Nahuel era el ángel que tenía por misión cuidar y despertar los sueños que la Diosa Madre colocaba en el corazón de las criaturas. Sí, porque la Gran Diosa siempre sueña con sus hijos antes de llamarlos a la vida. Sueña un gran sueño y luego le guarda en lo más profundo del corazón de su criatura.
Era misión de Nahuel despertar el sueño de cada hijo para que poco a poco ese niño se pareciese más al hombre soñado por la Diosa.
 
El escultor, un joven apuesto, tenía las manos mas hermosas del universo y su misión era convertir las piedras en figuras dulces y maravillosas.
 
 
Nahuel sabía que las leyes del universo prohibían y castigaban el amor entre un ángel y un mortal, por eso no se sorprendió la madrugada en que los mensajeros de los Dioses le salieron al paso para evitar que regresara al cielo. Silenciosamente Nahuel entregó sus alas y los poderes mágicos que poseía a los mensajeros y regresó al lado de su amado quien en ese momento comenzaba a esculpir una hermosa muñeca.
 
 
Si bien los enamorados estaban felices pues pasarían el resto de la vida sin separarse, les preocupaba quién despertaría los sueños de los hijos de la Diosa Madre. Noche tras noche se sentaban tomados de las manos mirando al cielo, buscando una forma para continuar con la misión de Nahuel.
 
Un día los mortales comenzaron a hablar de la proximidad de un eclipse que dejaría el cielo completamente a oscuras. El joven escultor le dijo a su amado que era el momento adecuado para burlar a los mensajeros y viajar hasta donde vivía la Gran Diosa y encontrar una solución. Nahuel le recordó que ya no tenía alas para alzar el vuelo. El amado escultor solucionó el problema confeccionando unas alas livianas y suaves. Y para encontrar el camino en la oscuridad le regaló a Nahuel una muñeca llena de luciérnagas. Llegó la noche del eclipse y Nahuel partió a encontrarse con la Diosa Madre.
 
 
La Diosa se alegró mucho al ver a Nahuel y le entregó de inmediato nuevos poderes para que continuase despertando los sueños que ella deposita en el corazón de cada uno de sus hijos. El ángel estaba cansado por lo que la Diosa Madre le pidió que se quedara y recuperase fuerzas. Nahuel no quizo, pues debía aprovechar la oscuridad del eclipse para regresar a la tierra. Si era sorprendido, los mensajeros de los Dioses no le dejarían continuar su camino quedándose para siempre lejos de su amado. Diosa y ángel se abrasaron. Nahuel abrió sus alas y comenzó el regreso.
 
 
La oscuridad del eclipse confundió los caminos y Nahuel no pudo encontrar la ruta para volver a casa. Desesperado por la pronta llegada del amanecer reunió los nuevos poderes que la Diosa le había concedido y los ocultó en la muñeca llena de luciérnagas que su amado escultor le había entregado. Luego juntó toda la energía que le quedaba y se lanzó atravesando las nubes con la velocidad de un rayo. El roce con el viento destruyó por completo sus alas y su cuerpo frágil cayó sobre las olas del mar. Justo en ese momento aparecieron dos ángeles amigos quienes le ofrecieron llevarlo de regreso al cielo para que le curaran las heridas. Con voz entrecortada Nahuel les dijo que ya no era inmortal, que si lo llevaban al cielo sería sólo para morir y que si debía morir el prefería hacerlo al lado de su amado. Los ángeles insitieron e incluso prometieron que en el cielo recuperaría sus poderes, que pidiendo perdón volvería a ser un ángel inmortal. Nahuel sabía que eso significaba no regresar nunca mas a la tierra por lo que les rogó le acercaran a la orilla donde le esperaba su amado.
Sentado sobre unas rocas aguardaba el enamorado escultor quien había presentido la desgracia cuando llegó el amanecer. No tuvieron que explicarle nada. Recibió en sus brasos el cuerpo de su amado quien le entregó la muñeca que traía apretada contra su pecho. Nahuel abrió sus ojos para ver el rostro de su amado por última vez y en su mirada le transmitió todo el amor que sentía por él. El corazón de Nahuel dejó de latir. El corazón del escultor se estremeció. Besó los labios del ángel que había preferido morir en la tierra antes que vivir en el cielo lejos de él. Limpió el cuerpo de su amado, lo envolvió en una suave tela blanca y lo enterró junto al árbol donde vivían las luciérnagas que habían surgido de las caricias y palabras dulces que intercambiaban al amarse.
 
 
Desde esa triste noche el escultor, que tenía las manos mas hermosas del universo, comenzó sólo a esculpir muñecas iguales a la que había fabricado para su amado. No sabía porqué pero al ir dejándolas al lado de la muñeca que Nahuel le había devuelto antes de morir, el material duro en que habían sido esculpidas se transformaba en material blando y suave. Y cada vez que las miraba, despertaban sus sueños y ganas de vivir a pesar de la soledad.
 
 
Una mañana llegó al taller uno de sus clientes acompañado por un pequeño y delicado niño. El hombre se decepcionó mucho pues no había ninguna obra que pudiese llevar a casa. No así su hijo, quien se alegró al descubrir las muñecas del escultor. Después de un largo tiempo en el que trató de convencer a su hijo que un niño no juega con muñecas tuvo que ceder y acabó comprando el juguete al niño pequeño y delicado que cada vez que miraba la muñeca sonreía y comenzaba a parecerse más a Nahuel. Fue entonces cuando el joven escultor comprendió que su amado no sólo había querido morir junto a él sino que también había querido que él asumiera la misión de despertar los sueños que la Diosa Madre coloca en cada una sus criaturas al llamarlas a la vida.
 
 
 
A partir de ese instante el escultor se dedicó a repartir muñecas a los hijos de la Gran Diosa Madre. Muñecas que al estar cubiertas por luciérnagas algunos les llaman "Divas".
Los chicos estos, las reciben y bautizan de inmediato...UNOS LE COLOCAN POR NOMBRE CHER, OTROS MADONNA, ALGUNOS BRITNEY, BJORK O PAULINA. Cada uno elige el nombre que más le gusta y tarde o temprano descubren que lo que tanto admiran en su muñeca no son mas que las virtudes y dones que la diosa ha depositado en ellos para que los desarrollen y cada día se parezcan un poco más a Nahuel: el ángel que se convirtió en hombre para amar.
 
 
 
 
 
FIN
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Cuento n°1

Enviado por Emilio Vergara V. el 27/04/2008 a las 07:49 PM

Hace mucho, mucho tiempo, en el país de los hielos nació un hermoso y delicado témpano. Su madre y su padre estuvieron felices con el nuevo miembro de la familia. Bebé témpano aprendió a flotar sobre las aguas muy pronto. Por una extraña razón su forma de flotar y tratar con las aves, focas y osos polares era diferente al resto. Él siempre estuvo consciente de esa diferencia. Y más que quedarse allí para flotar entre los hielos eternos, siempre anheló irse junto al sol a tierra firme. Cuando cumplió la mayoría de edad de los témpanos, habló con su madre y su padre para que le dejasen partir al lugar donde siempre soñó estar. Mamá témpano lloró mucho, no le gustó para nada la idea. Papá témpano gritó y blasfemó. Argumentó que su origen era el agua, agua congelada; que su vida sólo la podía vivir siendo un gran trozo de hielo cuyo fin era albergar los nidos de las aves y los animales, que el gran creador de los hielos le castigaría por negarse a ser un témpano en el país de los témpanos.

Nuestro amigo se puso muy triste, pero no le quedó otro camino para ser feliz que seguir a su corazón. Así una noche emprendió el viaje hacia la tierra que entibiaba el sol. Fue un largo camino.

Una noche sus fuerzas se agotaron y quedó tendido en medio de un valle rodeado de árboles. Al amanecer comenzó a sentir el calor del sol. Poco a poco su cuerpo se fue disolviendo en una tibieza que se convirtió en el lago más hermoso de la zona. La noticia se difundió por todos los lugares. Y desde todos los rincones llegaron aves y animales a contemplarse en la aguas cristalinas del nuevo lago.


Una mañana llegaron al valle dos témpanos. Eran mamá y papá témpanos, quienes asustados por la noticia que había llegado a sus oídos, venían a ver en qué se había convertido su hijo. Grande fue la sorpresa cuando vieron que en ese valle rodeado de árboles,muchas aves y animales vivían en torno a un hermoso lago que se parecía mucho a quien había sido su bebé. Desde las profundidades escucharon una voz que les decía: "Soy yo, vuestro hijo. Aquí estoy. El creador no me castigó. Al contrario, ha dejado a mi cuidado varias de sus criaturas. Soy feliz y doy mucha felicidad a aves y animales igual que ustedes allá en el país de los hielos."


Mamá témpano exclamo:
-¡¡¡¿En qué te has convertido, hijo mío?!!!
-En un lago.
-Pero ¿que es esto de ser un lago? -replicó el papá-
-Papá, UN LAGO NO ES OTRA COSA QUE UNA FORMA DIFERENTE DE SER TÉMPANO, MÁS SUAVE, MÁS CÁLIDO, PERO AGUA AL FIN.

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